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Isabela de Sagua

FAUNA MARINA

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Un enorme tiburón cabeza de martillo o Cornuda fue capturado en 1928 en Isabela de Sagua. La foto la rescató para la historia la bella sagüerita Ignacia Sanpedro quien posa junto al ejemplar y se la regaló a la colección del autor en 1999.

EL MONSTRUO DE ISABELA

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Muchos isabelinos recordarán el extraño animal que apareció en las costas una buena mañana de 1984 y que hasta el momento no ha sido identificado. El autor acudió a la zona con todas la claves taxonómicas y no pudo identificarlo. Los viejos y experimentados pescadores isabelinos tampoco pudieron hacerlo.

A continuación el relato publicado en la revista "El Undoso"

 
A pesar de estar acostumbrado a todas las sorpresas y caprichos de la naturaleza, sobretodo en lo que se ha dado a llamar criptozoología" (en relación con la "rare faune"), me he quedado desconcertado en mi caso más reciente por algo que aún no puedo explicar.

Quizás en tiempos posteriores a esta publicación alguien me lo explique pero no por el momento, pues ni los más osados lobos de mar me han dado una explicación a este fenómeno.

Recientemente (1984) se presentó en mi casa un individuo con una “moto sidecar” para recogerme porque le habían dicho en la Isabela que quizás yo podría identificar algo que allí había aparecido y que ningún pescador había visto nunca. Con urgencia recogí todas mis claves taxonómicas relacionadas con especies marinas y partimos con velocidad por toda la carretera. Por el camino interrogué al amigo que conducía la moto con el objetivo de ir aproximando un orden o familia a la especie que identificaría pero el amigo solo me decía que “se parecía a una babosa gigante mezclada con manta o raya”. Con estos datos solo se me ocurría la creación de un nuevo orden y pensé que quizás la descripción no era la adecuada, pero al llegar al sitio me convencí que sus detalles habían sido exactos y que hasta ahí llegaba mi zoología.

Una enorme muchedumbre se concentraba en la calle para pasar a ver la criatura que había aparecido esa la mañana junto a la costa de Isabela de Sagua, esta era su noticia del día y gran parte del pueblo allí se conglomeraba, excelente pretexto para esquivar la monotonía de sus actividades diarias.


Avanzando en medio del tumulto nos aproximamos a una mesa sobre la cual había una batea o platón metálico con agua de mar y una “cosa que allí flotaba”. No podía creer lo que estaba viendo, !aquello no se me parecía a nada!, y los pescadores triunfales miraban a mi cara desconcertada; ¡si ellos que eran lobos de mar no lo habían identificado, cómo yo lo iba a hacer!. Una extraña criatura carnosa con perfecta simetría escapaba a toda lógica. Meneé la cabeza de forma negativa y les dije: -“esto no existe”; a lo que todo el mundo rió. Mi asombro era tal que no me daba cuenta que mi boca estaba abierta mientras trataba de ubicar en mi mente una posible sistemática para aquel “bicho”, como todos le llamaban.

Se trataba de una forma central alargada en forma de gusano o molusco pero con dos “aletas” que le daban una impresión de raya; sobre su cuerpo ( y entre las dos “aletas”) una bolsa gelatinosa, y sobre su cabeza dos “orejitas”; más atrás en su “cuello” dos apéndices filamentosos de unos 6 milímetros.

Les informé a las autoridades presentes que mi conclusión era la siguiente: “Esto no es una especie conocida, al menos no existe ninguna clave de animales marinos que la identifique; pero además quizás se trate de alguna deformación fetal o malformación de otra especie adulta. Tengo que llevármela y les mandaré los resultados cuando la estudiemos con más detalles. Para mi suerte todos accedieron entregarme el ejemplar y en estos momentos que escribo lo tengo en un pomo con formol ante mis ojos sobre mi escritorio.

Al regresar a casa estuve toda la tarde midiendo y detallando al mosntruo de Isabela y me llevé otra gran sorpresa: no existe ninguna ranura u orificio corporar en todo su cuerpo, es decir no presenta boca, ojos, oídos, orificios nasales, genitales, ni ano. Lo que pudiera parecer “orejas” son dos simples apédices planos sin función aparente y su región frontal no muestra vestigios o relieves de algún órgano o sentido atrofiado. Su color general es carmelitoso, y al tacto su conformación es suave gelatinosa como la de un molusco. He podido comprobar por extracciones con jeringuilla que la bolsa de su lomo contiene una especie de tinta azul muy oscura, pero he decidido no hacer ninguna incisión hasta poderlo examinar con especialistas presentes.

El estudio ha concluído; por el momento guardaré el pomo que contiene al “Monstruo de Isabela” en un rincón de mi casa para desempolvarlo cuando la ocasión lo amerite, pues, otras aventuras nos reclaman…


PST (1984)

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